lunes, 17 de agosto de 2009

'Arte Acción': cultura contra las maras


HONDURAS | El colectivo nació tras el huracán 'Mitch', en 1998

El coordinador de 'Arte Acción', Kunste, desafía las amenazas de las maras
  • 'La violencia no es la raíz sino la consecuencia de la falta de opciones', dice
  • El proyecto surgió después de la llegada del huracán Mitch a Honduras, en 1998

"Las maras fichan a los jóvenes que ven susceptibles de entrar en el grupo, aquéllos que aparentemente no tienen nada entre manos. Te debates entre ir a la policía o entrar en la pandilla para adquirir respeto. Sin embargo, había una tercera opción. La mara trata de jalarte, pero nosotros queríamos ser artistas".

Habla Kunste, actor de teatro y coordinador comunitario de 'Arte Acción', una asociación cultural que desarrolla programas de prevención de violencia e inclusión social en Honduras a través del teatro, la danza, las artes plásticas o la producción audiovisual. Surgió espontáneamente como brigada artística tras la llegada del huracán 'Mitch', en 1998, para levantar el ánimo de la población damnificada en los albergues.

Pasada la emergencia, decidieron continuar con el trabajo prolongando sus festivales culturales en los barrios que se originaron en el Valle de Amarateca, a 40 kilómetros de Tegucigalpa, con los ciudadanos desplazados.

En uno de ellos creció Kunste. Como tantos otros jóvenes artistas que conforman 'Arte Acción', -además de antropólogos, sociólogos, educadores y terapeutas- fue uno de los niños incondicionales entre el público de estas aldeas, donde la ONG organizaba sus talleres de títeres y zancos.

Hoy es profesor de teatro y compatibiliza el papel de bufón en el montaje 'Huellas' -adaptación teatral de 'Patas Arriba', el libro de Eduardo Galeano, que acaba de cerrar su gira por Centroamérica- con la grabación de un largometraje, 'Un día en la vida de mi vida¡, producido por la ONG.

El busito amarillo de 'Arte Acción', abarrotado de máscaras y malabares, es un imprescindible en estas remotas aldeas donde el desarraigo y la incertidumbre crean la atmósfera óptima para el brote de pandillas.

Kunste fue un 'paisa' eventual de la 'M-18', una especie de recadero que traía lo que le pedían y vigilaba en los 'toques' -asaltos- por si venía la policía. Si no lo hacía, tenía problemas. El botín que se embolsan las bandas en los robos lo envían a los presos o lo emplean en comprar armas y drogas que luego venden para seguir alimentando el entramado.

En la pandilla existen grados que se van ganando en función de los integrantes de la banda contraria que se quitan de encima. La misión del jefe es "velar por la seguridad" del barrio: hacer de ángel custodio frente a la 'M-Salvatrucha 13', su adversaria.

Para las pandillas juveniles, el barrio es su mara. En principio, sólo hay dos formas de salir: hacerse evangelista o 'la cuarta tabla': muerto. En este contexto, los talleres de 'Arte y Acción' se convierten en una tercera opción. "Estos grupos respetan el logo de la ONG y podemos trabajar en zonas de riesgo con los jóvenes y nuestros proyectos socioculturales", apunta Kunste, que demuestra, por su historia, conocer la situación de primera mano.

En pleno Triángulo Norte centroamericano

El sicariato es la primera causa de muerte de los menores en Honduras, culpable del 42% de los casos registrados en 2008

Honduras conforma con Guatemala y El Salvador el llamado Triángulo Norte centroamericano, epicentro de un insólito crecimiento de la violencia regional desde hace cinco años, donde las pandillas aparecieron como causa principal. Hoy, el sicariato es la primera causa de muerte de los menores en Honduras con un 42% de los casos registrados durante 2008.

A Kunste un día le amenazaron. Irrumpe en su propia intervención. Baja el nivel de voz y transforma su jerga para emular al 'homi de respeto', como se designa al jefe: "¿Quieres ver cómo te pongo la crepa?". "Me puso la 22 en el estómago. Si me toca, me toca, pensé. Se fue, pero le dijo al resto que fueran a por mí".

Así explica el artista cómo le dieron 'luz verde', es decir, el día a partir del cual estaba expuesto a que acabaran con él en cualquier momento. Intenta calmar el dramatismo de la conversación: "Esto le sucede a miles de jóvenes hondureños, te pueden contar la misma historia y mucho peor", argumenta, volviendo a su tono.

Otro coordinador de 'Arte Acción', Yopi, que conoció a Kunste en el movimiento artístico que se creó en estas comunidades como prevención al fenómeno de la violencia, también tiene su historia. Este joven muralista ultima una exposición en la Galería Nacional de Honduras con otros compañeros. Sabía dibujar y la pandilla se conformaba con sus tatuajes.

"Esto verdaderamente aleja a los chavos de la violencia. Incluso cuando las pandillas responden violentamente, lo hacen movidas por una preocupación: su barrio, su familia y su destino. 'Arte Acción' intenta que los jóvenes confíen en que tienen un futuro, que crean en ellos mismos y en su talento. El arte como desarrollo humano, en definitiva", concluye.

Ninguno de los dos cree en las leyes de puño firme que han aplicado los últimos gobiernos como respuesta represiva al fenómeno. "A la par no se han adoptado políticas preventivas. La violencia no es la raíz sino la consecuencia de la falta de opciones y del bajo nivel educativo", argumenta Kunste.

"Muchos jóvenes son como pedazos de carne caminando, falta sensibilidad. Podemos votar a los 18 pero no salir del país sin permiso. ¡No conocemos ni nuestra historia!", protesta, juzgando el jolgorio del público en sus montajes cuando representa la década de los desaparecidos en Honduras.

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